No me acostumbro

Por fin estoy en casa. Estoy en un proceso de readaptación intenso, difícil y chocante.

Tal vez seis años viviendo fuera del país de origen no es nada en comparación con quien se va décadas o nunca vuelve. Pero hacerlo en la edad en que tu conciencia de adulto se está formando le da un giro a tus perspectivas y hace que te vuelvas más del lugar al que llegas que del que abandonas.Y te vuelve crítico y exigente hacia lo que esperas encontrar cuando regreses a casa.

Desde que he asimilado que he vuelto a tierras aztecas he caído en la cuenta que hay cosas de la forma de vida de aquí a las que no volveré a entender.

No me acostumbro a…

  • Que ya se haga chiste de la corrupción
  • La “cultura” del que no tranza no avanza
  • La desconfianza (justificada) de la gente a la policía, políticos, Seguridad Social…
  • Las trampas para no pagar impuestos
  • Que se tenga la idea que todo lo extranjero es mejor a lo nacional
  • Que se confunda amabilidad con servilismo
  • Al patriotismo barato. Cantar con fervor un Himno o besar una bandera con pasión, pero aceptar (e incluso proponer) actos de corrupción con tal de no cumplir con una multa
  • Que ser rubio y de ojos claros sea una ventaja social
  • Que una chica sea considerada como de cascos ligeros y fácilmente “encamable” por el hecho de que decida independizarse y dejar de vivir en casa de los padres aunque tenga los medios para comprobar su adultez
  • La mala, o nula, educación sexual que tienen los adolescentes

Y así a más cosas…

Ay, México! Aún así, tu fascinante historia, esas playas y montañas, tu cocina única en el mundo, tus colores, tu alegría y cinismo ante los problemas,  me hacen amarte hasta el alma…por lo mismo, me duele no acostumbrarme a tus defectos.

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